jueves, 26 de octubre de 2017

WILFREDO PRIETO: REALIDAD COMO PSICODIAGNÓSTICO


WILFREDO PRIETO: EN LA MENTE DE DIOS
GALERÍA NOGUERAS BLANCHARD: hasta 28/10/17

Si en alguno de nuestros textos ya hemos dado cuenta de nuestra idea de artista como terrorista mediático, la figura del artista cubano Wilfredo Prieto se pliega perfectamente a esta idea nuestra, acrecentándola además año a año. Con suma inteligencia, lo suyo es proponer pequeños detonadores que, en cuanto se activan por la contemplación necesaria del espectador, hacen implosionar pequeñas parcelas de realidad, pequeños sedimentos que parecían estables, desvelando la matriz ficcional de los entramados conceptuales que los humanos nos hemos creado para, de una u otra manera, orientarnos en el desierto de nuestros días. Más aún, si el arte ya claudicó hace tiempo en esta tarea sisífica de dotar de contenido a intuiciones racionales o éticas, si lo que toca más bien es subrayar el carácter derivado de cualquier señalización en la topografía espectral y fluídica de nuestros días, el trabajo de Prieto nos parece una magistral cartografía de nuestra pseudo-realidad.

En esta ocasión el sismógrafo que utiliza el artista cubano son simples pieles de vaca que, extendidas y colgadas al modo más canónico, simulan pinturas abstractas. Y el asunto está, precisamente, en lo que se infiere de la palabra “simulan”. Porque es dotando extrañamente a objetos cotidianos de un significado suplementario, simulando el ser una cosa y la otra al mismo tiempo, cómo las obras de Prieto remiten a mostrar ese punto axial donde se entrelazan todas nuestras intuiciones para producir esa ficción a la que llamamos realidad. De ahí que sus objetos sean siempre “simuladores”: están ahí presentes en toda su absoluta objetividad pero remiten a algo más, a algún simbolismo que excede su mera presentabilidad objetual; simuladores que dan forma a esa estrategia que, sostenía Gerardo Mosquera, guía el trabajo de Prieto: idea neta/obra sencilla/significado máximo.

Se trata, en definitiva, de un procedimiento sumamente sutil de mostrar de modo estético el vínculo que mantiene unido la realidad y el pensamiento, la objetividad y el lenguaje. Un vínculo que mantenemos oculto y que más que sacarlo a la luz con la violencia de una crítica que nada saca en claro, Prieto se contenta con hacernos un guiño para que veamos lo mismo que él está viendo. Se trata, por lo tanto, de contarnos un secreto que, aun sabiéndolo, necesitamos pase desapercibido para el buen y correcto funcionamiento de la realidad. 


Una realidad que para nuestro artista está hecha fundamentalmente de ideas: unas ideas escurridizas que, a pesar de entablar una sólida relación entre pensamiento, lenguaje y realidad, tienen su lado voluble, su aspecto más azaroso. Y es ahí, en ese tejido blando que poseen las ideas en su reverso, donde trabaja Prieto con un cuidado –para que no se rompa ese mismo tejido frágil– y mimo supremo, a través de unas acciones mínimas, cuasi insustanciales, pero capaces de apelar al espectador y hacerle reconocer eso justo que ya sabía: la fragilidad de todo el sistema, el impulso azaros de todo el entramado al que llamamos realidad.

De este modo, el trabajo del artista cubano es como el del arqueólogo que busca las conexiones simbólicas sobre las que se da un pinzamiento entre la realidad y la ficción –o mejor dicho, a través de la cual cierta ficción se estipula como realidad– pero teniendo claro que la búsqueda no se da en vertical y hacía abajo sino en horizontal: desplazándose a través de nuestra superficie mediática, ahí donde se nos dice todo lo podemos ver, todo lo podemos decir, para encontrar puntos de encabalgamiento simbólico, de replegado de significados sobre un mismo significante, ahí donde la realidad se solidifica en un cierto punto de la superficie.  

Dicho todo esto, es aquí donde la escritura acerca de la actual exposición no puede por menos que dejarse suspensiva, abierta a la multitud de referencias a las que alude pero sobre las que, como hemos tratado de explicar, no dicta ninguna sentencia. La piel de vaca en tanto que objetiva y natural piel de vaca; la piel de vaca en tanto que pintura abstracta; la piel de vaca como test de Rorschach. Es en el entrecruzamiento de cada una de estas líneas de tensión donde habita el verdadero material de trabajo de Prieto: la realidad.

Y entre las tres diferencias, un difuminado de ideas, el engranaje de todo un cúmulo de sensaciones que remiten a un punto central: ¿de dónde surgen las ideas, de qué calado son cómo para apuntar a lo trascendental, a algo que supera el propio relacionarse del lenguaje con la realidad, del concepto con la experiencia? En la mente de Dios, título de la exposición, remite a este emplazamiento difuso, a este entrecruzamiento de conceptos y sensaciones, de teorías y prácticas, de naturaleza y artificialidad, de realidad y de arte.

Y lo que se descubre ante la contemplación activa de su obra es algo que sabíamos pero que desconocemos a cada instante: que la línea que une al sujeto con la formulación de, por ejemplo, la pintura abstracta no es una línea recta y directa sino que está medida por una serie de lugares de interferencia e indecibilidad; que los compartimentos con los que clasificamos nuestra realidad no son tan excluyentes como suele parecernos y que lo proceloso de un azar que yuxtapone registros tiene la voz cantante. Así, ante la contemplación de algo tan realista como una piel de vaca, la abstracción a la que apunta nos lleva a otras conexiones; ante la contemplación de una naturaleza –por muy muerta que esté– a través de los ojos de la forma estética nos lleva a otras zonas de intermitencia. En el centro, ese (no) lugar, ese afuera, ese Real: la mente de Dios.

Y es en la vecindad con ese límite, si logramos llegar hasta ahí, donde emergen las cuestiones más interesantes: ¿no será la realidad, en el fondo, un psicodiagnóstico a todo ese entrelazamiento de mínimas saturaciones que estas pieles de vaca vienen a mostrarnos?, ¿no será su parecido con test de Rorschach el verso suelto que une y desune toda esta red de conceptos que Prieto ha hilvanado con maestría y sutileza?, ¿no será Dios nuestro psicólogo?

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